David Rojo
Gobernador, Víctor Castro, ¿has estado en las esquinas del pueblo?; presidente municipal, Christian Agúndez, ¿has estado en esas esquinas del pueblo esperando el autobús?
La pregunta es pública, como el hecho es público: NO.
Ustedes tienen choferes y buenas camionetas; ustedes desde el poder no están en esas esquinas del pueblo. En las esquinas del pueblo, el pueblo ni siquiera alcanza a subirse a los autobuses. Las unidades del transporte van, lo que se dice, a reventar.
En esas esquinas del pueblo están las paradas en San José del Cabo, como la de Santa Rosa y de las que le anteceden en el trayecto desde el Aeropuerto.
–¿Y esos inspectores del Transporte? De qué le sirven al pueblo las instancias municipales respectivas y la propia Ley Estatal del Transporte.
Que enredo de movilidad urbana y del transporte colectivo. La maldición por el presente perdido. Vaya movilidad, crecimiento demográfico con las vialidades principales de siempre. El colmo de la dejadez del poder político: la carretera federal Transpeninsular, convertida en el tramo San José del Cabo-Aeropuerto, en la principal arteria municipal urbana josefina. Que dejadez municipal.
Y así, en otras partes, el saturamiento vehicular de las calles laterales de la carretera a cuatro carriles, a la altura de El Tezal. Los brutales encuentros vehiculares hasta de ocho cruces en más de un paso, sin asistencia vial. El eje interurbano que quién sabe por diablos está. Por eso hacen del PDU un trozo de papel lleno de letras. Una cosa es el discurso político y otra la realidad social.
Si no se está en las esquinas del pueblo, si no se está en el andar del pueblo, el discurso por el pueblo queda en demagogia.
El pueblo no alcanza a subirse ni a los autobuses.
A las 7 de la mañana es un viacrucis en esas esquinas del pueblo; en Santa Rosa súbete como puedas, dado que si vas a trabajar a Cabo San Lucas es posible que pierdas la jornada laboral, porque a parte de llegar a la ciudad portuaria sanluqueña todavía el trabajador tendrá que disponer de otro tiempo en el transporte urbano colectivo para llegar a su centro de trabajo.
Cuando el autobús va a tope, el chofer exigiendo a los usuarios que se suben por detrás para que le paguen, gente tosiendo con el indicador de alguna enfermedad, personas de la tercera edad, hay quien carga a bebé. Y hay quien no pudo subir a la unidad del transporte.
Que brutal.
En las esquinas del pueblo.
Cuando el discurso político se queda sin subir al autobús.
Completamente de acuerdo, la movilidad en este municipio es solo un discurso, y el transporte, en todas sus modalidades, es un negocio del que alguien se está beneficiando, y nones el pueblo