David Rojo
Apenas cubre el 6.4 por ciento de la superficie de Baja California Sur. Pero, Los Cabos es un sitio extraordinario para el florecimiento de la vida y para una estadía de fantasía para sus visitantes alados que llegan desde los confines de Alaska y o de América del Sur.
Es un santuario para la vida y un lugar amigable para la vida misma.
En sus 3 mil 451 kilómetros cuadrados de superficie cuenta con la imponente Sierra de La Laguna, el último rincón de los pinos. Y a un costado el Golfo de California hace un rincón mágico y multicolor con el arrecife de Cabo Pulmo.
Y en Cabo San Lucas, en donde se juntan las aguas del Pacífico y del Golfo de California hay un brindis impresionante por las espectaculares cascadas de arena.
En Santiago pasa la línea imaginaria del Trópico de Cáncer bañado por la brisa de la cascada Sol de Mayo cuyo serpentear del arroyo que le alimenta en ese umbral del Cañón de la Zorra, contrasta el maravilloso mundo de las cactáceas en este mismo universo semiárido.
Es hogar de la ballena gris y de sus hijos que aquí nacen, de las tortugas, del marlin, del dorado, de focas y de leones marinos.
Desde El Picacho, la Sierra de La Laguna extiende su mirada sobre el lugar, en su punto mas alto a mil 800 metros sobre el nivel del mar…
Al final de la tierra hay vestigios del descomunal megalodón y del imponente dientes de sable; por aquí corrieron cebras, camellos y caballos y llegaba el mamut. Los Cabos fue tierra de megafauna y hasta de cocodrilos. Quedan en este lugar al final de la tierra las huellas de vida de los períodos plioceno y pleistoceno; en el Museo Historia Natural Cabo San Lucas en la Sala de Paleobiología se exhibe el fósil de una cebra de dos a tres millones años de antigüedad hallado al Norte de Los Cabos.
Hoy, los pinos y encinos de la Sierra de La Laguna albergan nueva vida; hoy es tierra del puma, coyotes, linces, venados, liebres, ardillas y hasta de la víbora de cascabel. Se trata de un verdor que llena. La vida se extiende sonriente. Y se protege. La región de La Paz y Los Cabos no cuenta con ríos permanentes. Se ve la corrida del agua sólo cuando el paso del algún huracán. Pero, la Sierra de La Laguna al captar y almacenar el agua de las lluvias se convierte en la fuente de abasto para ambas poblaciones, la primera la ciudad capital del estado y la segunda el “corazón económico”de Baja California Sur.
Al final de la tierra hay romance y vida; dos gigantes, el Golfo de California y el Océano Pacífico se juntan y se funden por entre sus cálidas aguas. Dicen que en el mar la vida es mas sabrosa, si es así entonces al final de la tierra, Los Cabos rodeado de dos mares es pura sabrosura (*Tomado del compendio de libros El Paraíso también tiene alas, III Rapaces en Los Cabos)